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Tras unos meses de pandemia en los que hemos dado vuelta a nuestras empresas, a nuestra forma de vivir y a gran parte de nuestros planes para los próximos años, podría decirse que estamos desenfocados.

Es normal. Este escenario de caos en el que cada día oímos noticias dramáticas que nos van avisando de que lo peor está por llegar, no invita mucho al optimismo.

La pandemia nos ha dejado con locales cerrados, ilusiones en “stand by” y la mirada un poco más gris. Nos cuesta tomar riesgos y creer en nuevas posibilidades.

Incluso las personas de naturaleza más emprendedora y posibilista, caemos en la trampa del fatalismo y buscamos refugios seguros que nos permitan volver a tomar aire y empezar de nuevo con fuerzas renovadas.

¿Y entonces, qué podemos hacer si queremos seguir emprendiendo?

Esta mañana, después de muchas semanas de meditación y análisis, he tenido un insight sobre mi desenfoque que me ha invitado a escribir este artículo.

Mientras me lavaba la cara, mirando al sol que entraba por la ventana, me he sentido afortunado. Me ha invadido una sensación de gratitud, de amabilidad hacia mí mismo y de certeza de nuevas y prósperas sincronías.

¡Y cómo no hacerlo! En medio de toda esta tempestad he tenido la oportunidad de repriorizar mi agenda, de poner en primer plano la salud, las personas y de vivir con inesperada intensidad las acciones más cotidianas.

Justo después he recibido una buena noticia. Ya la esperaba, pero me ha servido como confirmación de que mi visión posibilista es también realista y por eso me he dedicado unos minutos a compartirla 😉

La pregunta clave es ¿dónde estás poniendo el foco ahora?

Mi conclusión es que la causa más habitual del desenfoque es prestar demasiada atención a los fallos que hemos cometido.

Además, solemos hacerlo obsesionándonos con ideas preconcebidas de cómo deberíamos haber actuado, en lugar de aprovechar el error para aprender, limpiar y avanzar.

Eso nos lleva a un estado de ruido mental, donde el caos se apodera de nosotros y no nos permite encontrar nuestro nuevo camino. Nos dejamos llevar más por las opiniones y consejos que no hemos pedido que por la verdadera voz de nuestro ser.

Fallos, Obsesión, Caos y Opiniones… ¿No parecen muy buenos compañeros de viaje, verdad?

Por suerte tenemos otra opción mucho más interesante.

Una buena forma de avanzar y volver a enfocarse empieza poniendo énfasis en tus Fortalezas. Fíjate en las áreas que mejor te funcionan y saca más partido a lo que ya haces bien. En otras palabras,pon a jugar a tus talentos naturales.

¿Tienes gran capacidad para fijarte en los detalles? ¿Se te da bien hablar en público? ¿No hay nadie que negocie mejor que tú?

Bien, esto no ha hecho más que empezar. Ahora empieza a imaginar cómo eso que a tí te parece tan fácil a otra persona le podrá ser muy útil.

Si estás abierto a compartir y dispuesto a probar, esa disposición te traerá nuevas Oportunidades. En ocasiones, por supuesto, vendrán acompañadas de retos y decisiones dificiles, pero ¿no son parte del camino del aprendizaje?

Recórrelo siendo consciente de tus verdaderas prioridades y valores, escuchando a tu entorno y sus necesidades y encontrarás las verdaderas ocasiones de prosperar y sostener tu propósito.

Ya ves, podemos hacer ecuaciones muy distintas con las mismas iniciales de la palabra F O C O.

Yo hoy decido quedarme con la segunda: Fortalezas, Oportunidades, Consciencia y Ocasiones. ¿Con cuál te quedas tú?