Ayer, mientras esperaba mi café en el bar de Mikel, vi a una mujer gritarle a su teléfono porque el email «urgente» no se enviaba. Me recordó tanto a mí mismo discutiendo con mis “Excel” que casi me da la risa.
Seguro que a tí también te ha pasado. En medio de una discusión acalorada en vez de responder automáticamente, te quedas callado. No por estrategia… simplemente porque ya te has cansado de pelear.
Y ahí, en ese silencio incómodo, lo ves todo claro. No siempre hace falta una respuesta inmediata, a veces sobra con escuchar y seguir.
No hablo de máquinas del tiempo ni trucos de ciencia ficción. Es algo más simple y a la vez más poderoso: es ese momento en que tu cerebro hace ‘click’ y todo se ralentiza, como cuando de niño aprendías a montar en bici y, de repente, el equilibrio tenía sentido.
Los problemas son iguales. metidos en ellos, nos ahogamos. Con distancia se convierten en acertijos con solución.
Es como jugar al ajedrez: cuando estás demasiado enfrascado en medio de la partida, solo ves la pieza que vas a mover y la que te amenaza. Pero si te levantas de la mesa y miras el tablero desde arriba, ves todas las jugadas posibles
Lo gracioso es que nadie te enseña esto en la escuela. Te enseñan a correr, a competir, a ser el primero en levantar la mano. Pero nadie te dice que a veces el superpoder puede estar en quedarte quieto mientras el mundo gira.
Carmen, mi vecina de Barcelona, que tenía 82 años, me lo dijo a su manera: «Hijo, la vida es como el buen vino, mejora si lo dejas respirar». Entonces me reí porque era joven. Ahora entiendo que tenía razón.
Y aquí estoy, moviéndome al mismo ritmo que antes, pero sintiéndome como si flotara. El caos sigue ahí fuera, pero ya no tiene por qué arrastrarte. Es como haber encontrado el botón de pausa en medio de una película frenética.
Lo mejor de todo es que cualquiera puede hacerlo. No necesitas hacer un retiro de meditación en el Himalaya. Sólo recordar que, entre lo que pasa y cómo reaccionas, hay un espacio. Y en ese espacio está tu libertad.
Y, ante la duda, siempre te quedará un buen brindis sin prisas con un tinto al punto de oxígeno.