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¿Quién puede adaptarse a un entorno cambiante sin ser ágil en su toma de decisiones?

Ese sería el primer acercamiento y el más habitual para pensar el cómo afrontar momentos de alta incertidumbre: aprende rápido, equivócate rápido y seguirás aprendiendo y acertando.

Sin embargo, ahora queda más patente que nunca que esa pretendida agilidad, muy necesaria en estos momentos, es claramente insuficiente.

Para ser verdaderamente ágil no basta con ser flexible, rápido y estar dispuesto a cambiar.

El verdadero desafío en un proceso de trasnformación es abrazar el cambio.

Implica ser consciente, soltar las resitencias y usar todas nuestras herramientas para convivir con la incertidumbre sin perder de vista nuestra esencia y nuestro propósito.

Quien combine la agilidad y la inteligencia emocional, estará adaptándose al cambio de manera eficaz, sostenible y disfrutable.

Qué significa para un líder abrazar el cambio con inteligencia emocional

Lo primero voy a aclarar qué significa para mí liderar y cómo voy a referirme a ese término en adelante.

Liderar en este contexto, se entiende como la capacidad de mostrar el camino y dotar a los miembros del equipo del espacio y la confianza para que muestren su potencial y aporten su mejor versión de manera flexible.

Por supuesto, hay tantos tipos de liderazgo como personas y momentos. Hoy sin embargo me voy a centrar en algunos de los patrones transversales que pueden ayudar de manera significativa a que este liderazgo sea efectivo y sostenible:

1. Escucha: para marcar un camino que otro quiera seguir, todos los exploradores deben sentirse parte de la misma expedición. Sólo escuchando los anhelos, los objetivos y el propósito de las personas que forman parte se puede construir un camino que toda la organización sienta como propio.

2. Desapego: un lider comprometido con su propósito. tiene que estar dispuesto a ceder la delantera a quien esté más preparado. Muchas veces lo mejor será ir delante, marcando el camino, pero tantas otras el líder deberá ponerse detrás del equipo, dándoles apoyo y protección o incluso a un lado, cediendo el mando temporalmente a un miembro que le sustituya con confianza.

3. Fluidez: Lo patrones fijos no sirven. Si bien es importante tener una brújula, un faro al que dirigirse, es importante saber que los caminos varían cada día. Si el propósito es firme, el cómo, el dónde e incluso el cuándo, están siempre al servicio del para qué.

El compromiso con las personas

Los sistemas, los equipos y las organizaciones dan cobijo, vehiculan la viabilidad y permiten remitirse a procesos, estándares y protocolos imprescindibles para operar.

Tan importante como esos sistemas, que deben ser lo más robustos y flexibles posibles, son el día a día de las personas que los usan.

Es clave, ahora más que nunca, que cuando pensemos un proceso, implantemos un protocolo o propongamos una herramienta, lo hagamos pensando en qué personas y en qué momentos lo van a usar.

La empatía, especialmente en momentos de cambio, es una capacidad clave para que los líderes y responsables de equipos consigan provocar aceptación, fluidez y feedback continuo en los procesos productivos.

Todos hablamos ahora de teletrabajo, herramientas digitales y oficina en casa. ¿Pero cuántos nos hemos puesto a entender el reto que supone para cada miembro de nuestro equipo la adaptación a este modelo?

El juego y el pensamiento lateral como generador de lenguaje compartido

En este apasionante reto de adaptación continua, tenemos una herramienta siempre disponible: la creatividad.

Jugar y crear espacios de comunicación no directamente ligados a lo productivo, amplifica la compresión, crea lenguaje común, y fortalece el propósito compartido.

Cuando un líder juega, está poniéndose directamente al mismo nivel que todo el equipo. Se rige por las mismas normas, tiene los mismos desafíos y puede reir y soñar en la misma sintonía que el resto de los miembros del equipo.

Además, si al juego le ponemos nombres, colores, significados… estaremos cultivando una parte esencial de la cultura de empresa: el lenguaje compartido.

Cuando una organización habla el mismo idioma y las personas pueden referirse a escenas, palabras o metáforas en las que se sienten entendidos, es más fácil avanzar y adaptarse.

No hay nada más posibilitador que sentirse parte de algo más grande que tú ¿no crees?