La valentía sin argumento
¿Recuerdas la última vez que tomaste una gran decisión con total convicción pero sin ninguna certeza?
Es un momento incómodo, el que viene justo después de decidir. Cuando alguien te pregunta por qué y tú sabes la respuesta pero no la tienes en la boca todavía.
Sabes que es lo correcto, lo sientes en algún sitio que no tiene nombre. Las palabras no llegan y la mirada del otro aprieta y tú estás ahí, sin argumentos, con la decisión ya tomada y el paso ya dado y nada con lo que defenderte salvo esa valentía que no puedes argumentar.
Hay un lugar donde me muevo con más soltura de la que me gustaría reconocer: ese espacio donde nada está decidido del todo, donde la información no alcanza y probablemente no alcanzará, donde la única manera de avanzar es soltar la exigencia de tenerlo claro antes de moverse.
La mayoría cierra ahí. Reduce opciones, busca más datos, espera señales. Yo entiendo el impulso. Lo siento también. He aprendido en primera persona que las certezas que tanto buscamos suelen ser más frágiles que la incertidumbre que tanto tememos. El «y si» no es una amenaza. Es el único sitio desde el que puedes ver lo que todavía no existe.
Hablamos de reducir la incertidumbre como si fuera el mejor antídoto contra una mala decisión. La mayoría de las veces no hay nada que reducir. Hay que entrar. Con lo que tienes. Sabiendo que no es suficiente y moviéndote igual.
Ahora vivo rodeado de incertidumbres de otro tipo, las que no se eligen. Padres que se sostienen por hilos finos y que van a necesitar decisiones que nadie sabe todavía cómo tomar. Hijos que han echado raíces en una casa que quizás tengamos que dejar. Escenarios que nadie controla del todo y que otros esperan que yo aterrice como si aterrizar fuera algo que se hace desde la certeza.
La decisión valiente no se hace desde la certeza. Se hace desde el eje. Eso es lo que más he tardado en entender. Que para que el siguiente gran paso sea fértil necesita anclarse en algo que no dependa del resultado: una visión, un deseo, una convicción que aguante cuando las preguntas aprietan y las palabras no llegan todavía.
Las decisiones más valientes que he tomado no las pude explicar en el momento. Las entendí después, cuando el camino ya estaba andado y las palabras por fin llegaron.
Primero el paso. Luego las razones. ¿Cómo lo ves?
Ahora elige tu puerta final
Este ensayo tiene tres finales posibles. ¿Cuál es el tuyo?
Abre la puerta del que lanza en beta
Te lanzas antes de tenerlo perfecto. Con lo que tienes. Sabiendo que no es suficiente y moviéndote igual. Cada versión te enseña algo que ningún análisis previo te hubiera dado, y ese aprendizaje es el único mapa que vale.
Las mejores cosas que te han pasado no estaban en el roadmap. Estaban en lo que ocurrió cuando dejaste de esperar a tenerlo todo controlado. El lanzamiento no es el final del proceso. Es el único sitio donde empieza de verdad.
Abre la puerta del que juega partido a partido
Tienes un esquema, una manera de moverte, un equipo en el que confías. Con eso sales al campo. La clasificación final no la controlas, y hace tiempo que dejaste de intentarlo.
La convicción no es saber que vas a ganar. Es saber cómo quieres jugar cuando el resultado todavía no está decidido y la presión aprieta y nadie te puede garantizar nada.
El marcador cambia. El estilo es lo único que es tuyo.
Abre la puerta del que cuida sin pronóstico
Hay incertidumbres que no se atraviesan. Se sostienen. Padres que envejecen. Hijos que crecen. Decisiones que dependen de variables que nadie controla y que aun así hay que tomar.
Te mueves con lo que hay hoy. Sin esperar el dato que nunca va a llegar. La presencia constante, sin agenda, hace su trabajo aunque tarde en verse. Sostener eso, día tras día, es de las formas más exigentes de seguir decidiendo.
2 reviews for Lo que siempre estuvo ahí
También te recomendamos…
Ensayo & Error.
Tú decides qué puerta abrirá.
Creo en las preguntas que no tienen respuesta. Creo que pensar es una forma de habitar el mundo.
Por eso, cada día 11, nace un ensayo. Una forma de pensar y compartir en voz alta.

Maite –
las mejores cosas que me han pasado no estaban en el roadmap…Mejor siempre lanzar una beta sin esperar la perfección.
Gracias por hacernos pensar!!
Guillermo Irure –
Me encantará saber qué opinas o cuál es la puerta que has decido abrir. Gracias por leer.